jueves, 2 de octubre de 2008
El jardín
Cuando nuestra casa de San Isidro estaba en construcción, casi siempre veníamos los domingos a darle una vueltita para que Mari y yo viéramos los adelantos. Venir a San Isidro era un paseo. Desde la ruta 32, veíamos aquellas montañas tan lindas, un lugar donde siempre habían arcoiris producto de una llovizna constante con sol. Durante todo el camino iba viendo los jardines de las casas vecinas y soñaba con mi jardín. De hecho, las razones por las cuales buscamos otro lugar para vivir fueron el miedo que ya no nos salió cuando se dieron los últimos asaltos en nuestro barrio y el sueño de tener un jardín. Cuando nos pasamos, en octubre del 2003, supe que eso de tener un jardin no es pan comido. Al principio, "mi jardín" era una mezcla de barro y escombros. Hubo que trabajar duro para que se convirtiera en lo que es ahora. En mi anterior trabajo, tenía más tiempo para disfrutar de él. Hice una bitácora de los árboles que mudan sus hojas y los pajaritos que nos visitaban en cada época del año y siempre me despertaba con la expectativa de advertir un pájaro nuevo a mis ojos. Hace ya varios años que cambié a un trabajo al cual le dedico de 7 a 7 y temo que he perdido demasiado. Ahora, he podido estar unos dias en casa y he vuelto a recuperar, momentáneamente, el paraíso.
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